Sin entrar en detalle sobre nombres propios, y haciendo más una reseña general sobre el cine hecho en México, encontramos un factor en común que ha permitido el resurgimiento de la industria azteca y sobre la que muchos expertos han aplaudido comparando a esta generación del cine mexicano con la llamada generación dorada del cine de México (década de los 40 y 50).

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Como ya se anticipaba, hubo un factor en común que ha permitido la llegada del cine mexicano a cada vez más vitrinas y escenarios. Ese factor es el erotismo. Veamos por qué.

Un erotismo que es una parte del camino

Estamos acostumbrados a hablar de erotismo mexicano y nos puede parecer que referimos solamente a los vídeos porno mexicanos. Pero en realidad no se trata de eso. Sino, más bien, de un erotismo que ocupa una parte del intenso camino del largometraje, y que bien puede encontrarse en cualquier parte (al inicio, en el clímax literario, o al final del guion). Lo cierto es que su forma de plantearse lo hacen ser una toma de decisiones, más que un acto sexual y natural.

Muchas de estas películas mexicanas han tomado al erotismo como un conflicto humano, que invoca a lo moral y a lo social, donde el erotismo no es un acto, sino una consecuencia. La propuesta sin duda ha tenido éxito en mercados internacionales.

La mujer mexicana como representación social

A veces miramos una película y miramos a un personaje que es copia exacta de alguno de nosotros. En el caso de muchas películas mexicanas, la mujer es un simbolismo y una analogía de muchas personas en el mundo, no sólo mujeres.

Es allí donde el erotismo plantea en realidad una sensación de opresión, liberación, culpa o resurgimiento. Es allí donde el erotismo logra poner a pensar al público acerca de su propia vida, de los acontecimientos que se desprenden y de la simbiosis correcta existente entre cada una de las escenas de la historia planteada.

No quedan dudas de que falta mucho camino por recorrer antes de que el cine mexicano pueda ser equiparado a la generación de Pedro Infante, Tin Tan, Mario Moreno, Vicente Fernández, y otras figuras que hicieron posible la generación dorada. Lo que sí debemos alabar es que, al igual que aquellas generaciones ya lejanas, la generación actual ha encontrado su factor diferencial. Y a partir de allí logran construir historias inolvidables.